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IN MEMORIAM DE JORGE ROSAL (1927-2006)

Cuando se nos va un ser querido y uno ha de escribir sobre él, se hace difícil, porque la primera cosa que se nos ocurre es intentar ser imparcial y hacer una necrológica al uso en la que queden reflejados los valores del difunto con una aparente objetividad que nunca es real, porque ante la pérdida de un amigo somos siempre tremendamente subjetivos. Y por eso digo ya de antemano que a la hora de escribir estas líneas sobre Chayo –como lo llamábamos los amigos- quiero ser conscientemente subjetivo porque deseo transmitir mi admiración por él y por su papel en los aconteceres guatemaltecos de la segunda mitad del siglo XX, papel que lo hará pasar necesariamente a la Historia; pero también quiero hablar del hombre, del amigo, de su alegría contagiosa, de todas esas pequeñas cosas por las que llegamos a amar a un ser y que nunca son recogidas en un obituario porque parecen minucias que no vale la pena destacar por poco trascendentes. Y no, yo no puedo separar un campo del otro, entre otras razones porque en el caso de Chayo son un todo y porque para mí, como para todos los que lo hemos conocido aquí, él siempre fue, además de un referente político, una persona entrañable, afectuosa, querida y respetada, por lo que era y por cómo era. No sé si me resulta más sentido hablar de su risa contagiosa que de su militancia revolucionaria, en cualquier caso quiero rendir un homenaje a su persona y me gustaría que quien no tuvo la suerte de disfrutarlo pueda, al menos, conocerlo un poco. Sólo un poco, porque muchos de los aspectos de su vida nos son desconocidos o hemos tenido noticia de ellos tras su muerte, y no son cuestiones baladíes, sino hechos muy notables que su humildad nos ocultó, nunca se vanaglorió de su obra, su pasado no lo contaba –o lo hacía de pasada y sin darle importancia- porque lo que de verdad valía la pena para él en su relación con toda la Solidaridad europea, desde el momento que llegó al Continente como representante de la URNG, era, precisamente, ese papel, el que nos permitió conocerlo y trabajar en común por la causa guatemalteca, y gozar de su afecto y de su saber vivir en una tarde de charla o ante una copa de un buen vino lo mismo que en una reunión formal.

Chayo llegó a Europa en 1983 y aquí permaneció hasta 1996. Su labor en la “alta política” puso en contacto a la URNG con gobiernos y partidos europeos, y en lo que respecta al mundo de la Solidaridad puedo afirmar que su papel fue fundamental. Su enorme capacidad de trabajo, su cintura para salir airoso en situaciones complicadas –la Solidaridad europea no es un todo monolítico, sino que abarca un abanico de posturas ideológicas casi irreconciliables-, su respeto y su profundo sentido de la democracia, unidos a su carácter personal jovial y comunicativo, hizo que mientras la URNG estuvo representada por él en Europa toda la Solidaridad estuviera cohesionada y trabajara bastante unitariamente a partir de la Coordinadora Europea, que se reunía anualmente en distintas ciudades, y desde la que se orientaba sobre las directrices del movimiento solidario europeo. Su marcha supuso el fin casi inmediato de esa unidad de acción y ya nunca más ha habido nadie capaz de lograrlo. Aquellos años fueron muy intensos en el trabajo de todos los grupos que trabajaban por y para Guatemala, pero el mérito, en gran medida, fue de Chayo. Quizás eso sea una de esas cosas que sus biógrafos no recojan nunca, pero para mí y para la Associació d’Amistat amb el Poble de Guatemala es algo que alcanza una importancia capital. Con frecuencia vino a España, estuvo en reuniones de los comités y de la Coordinadora del Estado Español de Solidaridad con Guatemala, y es así como descubrimos su enorme humanidad, esa humanidad que nos va a acompañar permanentemente. Quiero recordarlo en su apacible conversar, siempre dispuesto a suavizar tensiones, y también disfrutando del placer de un paseo o de una tarde sin otra cosa que hacer que charlar de todo y de nada, por el puro placer de compartir y de gozar minuto a minuto de la amistad.


Pero Chayo era más que el amigo que llevó a la Solidaridad con Guatemala a un nivel que nunca ha vuelto a alcanzar. En el campo de la diplomacia, su estancia en Europa coincide con momentos clave en la historia de la lucha por las libertades en Guatemala, de donde se vio obligado a salir al exilio en 1980 por amenazas de muerte. En 1990 fue uno de los tres miembros que negoció en Oslo el Acuerdo Básico para la búsqueda de la paz. En 1994 y 1996, también en Oslo, participa en los acuerdos para el reasentamiento de las comunidades desarraigadas, el del Esclarecimiento Histórico y el definitivo alto el fuego. Y en Estocolmo, en 1996, el acuerdo sobre elecciones. Ese mismo año, en Madrid, el acuerdo sobre la incorporación de la URNG a la legalidad. Y el 29 de diciembre de 1996 firma, como representante de ORPA (Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas), integrante de la URNG, el Acuerdo de Paz Firme y Duradera.

Lo que fue su vida antes del exilio me es, en muchos campos, desconocido; como antes decía, era poco dado a presumir, pero sabemos de su intensa vida política desde la juventud hasta el último momento, cuando era Presidente de la Comisión de Honor y Disciplina del Partido URNG. Muchos años en clandestinidad que sus biógrafos desentrañarán pero que para mí son casi una laguna, fuera de saber de su militancia en ORPA desde 1978 y de su pertenencia a la dirección de la organización desde 1980. Más datos hay de su vida pública en momentos de libertad y de su vida académica. Muy joven, en los años 1951 y 1952, durante el gobierno democrático de Arbenz, siendo estudiante de Medicina, fue Presidente de la AEU (Asociación de Estudiantes Universitarios) y lo volvió a ser los años 1956-1957 bajo el gobierno dictatorial de Castillo Armas, poco después de organizar el hospital de sangre en el frente de Zacapa con ocasión de la emergencia ocasionada por la invasión mercenaria de ese dictador. Años antes, tras la caída del gobierno democrático de Arbenz, fundó y dirigió, auspiciado por Cruz Roja Internacional, el Hospitalito del Primer Cuerpo de la Policía para atender a los presos políticos. Fue, pues, en la universidad donde comenzó su larga lucha por la democracia y también por la reforma universitaria, en la que jugó un papel muy notable, como estudiante, primero, y más tarde como docente e investigador; no podemos olvidar que fue catedrático por oposición de la Universidad de San Carlos, donde durante veintiocho años ejerció la docencia, llevó a cabo una intensa labor investigadora en el campo de la patología y contribuyó decisivamente en la reforma de los estudios de Medicina en la Universidad en la que trabajó tantos años. Su prestigio como patólogo lo llevó a presidir la Asociación Centroamericana de Patología y a ser, durante un tiempo, responsable del Departamento de Patología en la Facultad de Medicina de la Universidad del estado de Luisiana.

De su intensa labor como investigador y docente –carrera que se truncó cuando se vio obligado a exiliarse- quedan dos trabajos de investigación, aparte de numerosos artículos en revistas especializadas y conferencias y clases impartidas en diversas universidades y academias:
Pneumatosis intestinal, su tesis doctoral, que mereció el Premio Flores, y Ateroesclerosis Experimental, trabajo realizado en Guatemala, Nueva Orleáns, Leticia-Amazonas y Colombia.

De esta intensa vida académica hemos sabido más después de su muerte; él, como decía antes, casi no contaba nada, apenas algún comentario que había que coger al vuelo, lo que evidencia su sincera humildad; otros hubieran alardeado de todo ello, él, en cambio, prefería hablar del presente, del trabajo político que lo trajo a Europa, y dejar para la Historia su pasado en Guatemala; incluso de la lucha por esclarecer la desaparición, a los veintiocho años, de su hijo Jorge Alberto en 1983 hablaba poco, a pesar de ser, sin duda, el hecho más doloroso de su vida y de la de toda su familia; el empeño de todos ellos llevó a que la CEH (Comisión para el Esclarecimiento Histórico) condenase al Gobierno guatemalteco como responsable de esa desaparición llevada a cabo al poco de que sus padres salieran del país.

Cuando dejó Europa y regresó a Guatemala, aparte de los cargos y responsabilidades dentro de la URNG, fue reconocida su larga trayectoria científica ocupando un puesto de Miembro del Comité de Análisis de Problemas de Salud de Guatemala de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de San Carlos.

Hasta el último momento de su vida mantuvo el buen humor, a pesar de su larga y penosa enfermedad. Unas semanas antes de morir me comentaba por teléfono, la última conversación que mantuvimos, que seguía luchando contra el cáncer, e ironizó diciendo que muy bien no sabía si sería el cáncer o la quimio quien se lo iba a llevar. La serenidad con que me hablaba me devolvió la imagen que yo siempre quiero recordar de él, su hablar calmo y afable, su sabia palabra y su afán de lucha, y todo con su eterna sonrisa.

Gracias Chayo, quienes te quisimos te seguiremos queriendo, y en tu recuerdo, contigo al lado, seguiremos trabajando para que la paz, la justicia y la libertad verdaderas lleguen a implantarse en Guatemala, el objetivo de toda tu vida y que no has logrado ver. Por ti y en tu honor, por el amor que tú nos enseñaste a sentir por tu pueblo, continuaremos hasta alcanzarlo.

Ánchel Conte Cazcarro
Associació d’Amistat amb el Poble de Guatemala

Coordinadora del Estado Español de Solidaridad con Guatemala